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El arte de guiar sin rienda ni látigo

 


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Por Carolina Ruiz Vega
El Financiero

Levanta la fusta y agita la cuerda en el aire. Mike se queda quieto. Sabe que no le van a hacer daño. La cuerda cae sobre su espalda, suave, como una caricia. Las 20 personas que miran fuera del corral están atónitas.  



 

 



 

 

 

 

Si la instructora, Alejandra González, hiciera eso con un caballo que no está acostumbrado, este relincharía, se alzaría sobre sus patas traseras, saldría a todo galope. El instinto de los caballos siempre es huir.

 

Pero su relación con Mike ya lleva cinco años y el caballo entiende que esto es una manifestación de cariño. González lo rasca, le besa la cara, acaricia las orejas, el lomo y sus partes nobles.

 

“Esto no es porno, es confianza”, explica González, y añade: “él no es un esclavo, sino un amigo. Él es el 50% del equipo cuando se competimos”.

 

Lograr esto no fue una tarea fácil. Mike era un caballo muy brioso, hacía temblar a los jinetes y su anterior dueño, en Alemania, prácticamente se deshizo de él a un precio simbólico.

 

Fueron cinco años de mucha paciencia en la Finca Alegría, ubicada en San Rafael de Alajuela, para ayudar a Mike a olvidar su miedo y aprender a confiar en su instructora.


Hoy, González camina por todo el redondel y su caballo, Mike, la sigue. Ella es la líder y él disfruta de su compañía. A Finca Alegría llegan criadores de caballos, jinetes y empresarios a aprender la doma natural. Los resultados son impresionantes.


El jinete es un líder


A veces González se coloca detrás de Mike y empieza lentamente a caminar hacia atrás. Mike la siente andar de espaldas y la imita. La gente de nuevo se admira porque no pueden creer que González no esté jalando al animal con cuerdas para que la obedezca.


“No las necesita: una relación es la cadena más fuerte. Yo muevo su cuerpo desde su corazón”, dice González.


Corren juntos por el redondel. Si ella trota, él trota. Si ella corre, el caballo galopa. González vuelca unos basureros y coloca una vara sobre ellos. Ella pasa un pie por encima de la vara; el caballo pasa su pata. Ella devuelve su pie y el caballo hace lo mismo.


Luego pide a Mike que corra en círculos. No se lo dice, ni lo golpea, solo hace un gesto con su mano desde el centro del redondel y el caballo acata la orden.

“A veces yo le pido, a veces Mikey me ofrece. Lo que hacemos es jugar en libertad”, les dice.


Firmeza sin castigo


“Introducción a la doma natural” se llama el curso que González imparte en Finca Alegría, en Alajuela.

Es un taller de dos días, en el que se hacen demostraciones de los resultados que se obtienen al amaestrar un caballo mediante este método, se explica en qué consiste la doma natural y se hacen prácticas con algunos de los caballos que ella posee.


González, quien tiene ocho años de competir en la disciplina de adiestramiento de caballos, imparte la metodología que ella aprendió de Pat Parelli, uno de los gurús en doma natural en el mundo.


Parte de los principios que él aplica: amaestrar desde la perspectiva del caballo y ser tan suave como sea posible, pero tan firme como sea necesario para cumplir los objetivos.


Ser un líder positivo es la herramienta más poderosa que tiene el domador, y como tal, debe aprender a comunicarse con el caballo y a entender su lenguaje corporal.


Gran parte del método se basa en el reforzamiento positivo, no en el castigo.


De ahí la importancia de advertir los cambios positivos del caballo y premiarlos, así como los intentos que haga en los distintos ejercicios que la doma natural contempla.


“No juzgamos el método de doma tradicional porque tal vez se sigue utilizando por desconocimiento de alternativas como esta. Se ha hecho así desde siempre. Este método es como una revolución”, dijo González a EF, que asistió al primero de tres cursos que está impartiendo.


El entrenamiento es un deleite. Es difícil verlo y no sonreír. Henrique Castineira es la primera vez que monta, y lo está haciendo sin montura, ni riendas. Está montando “a pelo” y a punta de equilibrio.


Tras un par de vueltas, Castineira detiene la yegua para bajarse. Sigue las instrucciones de González y se desliza por detrás de Preciosa, confiado de que no lo pateará. Lo logra con éxito. Una aventura más conquistada, aunque tal vez menos intrépida que venir de París a América dispuesto a cruzarla por tierra, como hizo alguna vez.


Quiso llevar al curso para amansar a Estrella, la yegua que le dio su esposa en octubre y está “muy feliz de todo lo que ha aprendido y deseoso de regresar a Perez Zeledón para ponerlo en práctica”.


Él es uno de los asistentes del curso que intentan crear una relación de amistad humano-caballo. Por el otro lado, se ve a Jimena Miranda, acariciando a Mike. Intenta levantarle las patas y lo logra sin ninguna dificultad, incluso las traseras. Le pasa por debajo y él se queda quieto.


Así se puede posar la vista en los demás asistentes del curso, quienes comparten con Tormenta, Dancer y Frodo. Los guían hacia delante, hacia atrás, pasan obstáculos, los montan sobre steps .


Termina la jornada uno y hasta quienes se mostraron escépticos al principio, afirman estar convencidos y emocionados de que el miedo no es la única herramienta para disciplinar.


Este es el inicio de una gran amistad

Para empezar con la doma natural, se realizan algunos juegos con los caballos que permiten establecer vínculos de liderazgo y confianza.

  1. El juego de la amistad: Como sucede con las personas, no puede tocarle la cara al caballo de buenas a primeras. El domador debe irse aproximando poco a poco pero cada vez que logre acercarse más, debe retroceder. El caballo teme al comportamiento de depredador, que acosa, por eso el domador debe alejarse para que el caballo sepa que no será lastimado.
  2. El juego del puercoespín: Consiste en aplicar presión paulatinamente y quitarla con el objetivo de mover al caballo. En estas manadas, el caballo que mueve al otro es el líder. Si el domador logra mover el caballo, será reconocido como tal. La presión motiva pero quitarla es lo que enseña. El ejercicio debe repetirse cuantas veces sea necesario, hasta obtener una respuesta positiva.
  3. Driving game: . Permite montar por medio de presión rítmica. El caballo camina, trota, galopa o frena según la energía que le transmite el montador. Se aplica presión también, como en el juego del puercoespín.
  4. El juego del yoyo: El objetivo es mover al caballo para adelante y para atrás. Para que se adelante, el domador jala la cuerda desde una distancia prudencial, que no haga al caballo sentirse acorralado. Para que se aleje, la sacude. Como en los anteriores, no se agita rápido desde el principio, sino que se va incrementando el movimiento paulatinamente.
  5. El juego del círculo: El caballo debe correr en círculos hasta que el domador le indique que puede detenerse. Si el caballo se detiene antes, se le acaricia y debe hacerlo de nuevo hasta que salga de acuerdo con los objetivos del domador.
  6. Ceder a la pierna: Aplicando presión como en el juego del puercoespín, se hace que el caballo camine de lado. Este ejercicio mejora su fuerza y su flexibilidad.
  7. El juego del apretón: Consiste en lograr que el caballo pase por lugares estrechos sin que ponga resistencia ni sienta temor.

 





Para más información puede visitar: www.alealecostarica.com

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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